Viaje de una semana por Túnez

Imprevisible, alocado, caótico en ocasiones, encantador en otras, enigmático y singular, así es para mí este país estratégico del norte de África: Túnez. Lo he descubierto en un viaje sin parar desde el primer día que pisé suelo tunecino momento en el que nada más salir al exterior tras cruzar las puertas del aeropuerto, sentí ese calor intenso que caracteriza a este continente, aunque no en su plenitud ya que además de ser de madrugada era la última semana de junio de 2026.  En esta ocasión no viajé a mi aire, sino que me decanté por un periplo organizado dado la ubicación del destino elegido. El estado de emergencia se impuso en el país tras los atentados perpetrados contra turistas en el año 2015, algo que le dejó marcado y cuyas consecuencias aún perduran junto con el estallido de la Primavera árabe, cuyos orígenes se produjeron precisamente en este país en 2011 con el levantamiento protagonizado por la población y al que se llamó Revolución de los Jazmines.  

Vídeo de una semana en Túnez

He de decir que a pesar de esta introducción donde expongo brevemente la situación actual del país, yo en ningún momento me sentí amenazada por ser turista y en general percibí simpatía y recibí un trato agradable por parte de los oriundos de las distintas regiones que visité. La realidad del norte de África es muy compleja y Túnez forma parte de ella, como pude percibir a lo largo de mi viaje y las distintas explicaciones del guía que nos acompañó durante todo el trayecto.

Las opciones para visitar Túnez mediante un paquete turístico son diversas porque tiene varios atractivos, entre los que destacan sus medinas, ruinas romanas y sus playas. Como mi interés era más cultural, preferí dejar de lado toda la zona de la costa y escogí una opción denominada Túnez Misterioso, en el que principalmente se ofrecen visitas culturales.

El viaje fue una auténtica locura pues llegamos al aeropuerto de Túnez-Cartago a eso de las tres de la madrugada y nos trasladaron a un hotel que estaba en Susa a unos 150 kilómetros de la capital, lo que supuso cerca de dos horas de viaje en autobús. Llegamos a las 5 de la madrugada y a las 7 de la mañana ya teníamos que estar en la recepción del hotel con las maletas para ir a nuestro primer destino. Evidentemente no dormí nada esa noche.

De Kairuán a Tamerza

El primer lugar que visitamos fue Kairuán (Kairouan), considerada por algunos oriundos como la “ciudad más santa del Magreb (región del norte de África, que significa Poniente, abarca Mauritania, Marruecos, Argelia, Libia, Túnez y Sahara Occidental)”. Respecto a los aljibes del siglo IX, que se encuentran en esta zona, solo pudimos verlos desde el autobús porque estaban en obras, pero suele ser una de las visitas imprescindibles.

Kairuán es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, destaca su arquitectura islámica, su variedad de mezquitas y la medina (casco histórico). Fue la primera ciudad árabe del Norte de África. Nosotros solo vimos dos monumentos la Mezquita del Barbero o el Mausoleo de Sidi Sahab y la Gran Mezquita de Okba Ibn Nafa (primer lugar de culto islámico de la región).

Mezquita del Barbero Túnez

La Mezquita del Barbero es una zaouía (zagüía o zauía) tunecina o centro espiritual situado fuera de la medina. Aquí se halla la tumba de Abu Zamaa el-Balaoui, compañero del profeta Mahoma. Su apodo era Sidi Sahbi, se le considera el jefe de la ciudad de Kairuán. En su interior se observan varios patios, el mausoleo, una madraza (escuela islámica), un almacén, y diversas salas para alojar a los visitantes.

Luego, nos dirigimos a la Gran Mezquita de Kairuán (s.VII), considerado como el santuario islámico más antiguo del Occidente musulmán. A mí me llamó mucho la atención su gran patio porticado en cuyo centro se encuentra un gran minarete. La pena es que su interior no era accesible y solo se podía ver a través de unos arcos, pero lo que atisbé me pareció precioso. Se trata de una sala hipóstila, es decir, sostenida por columnas, en este caso 400, de mármol y granito, algunas de ellas provenientes de ruinas romanas y bizantinas.

Gran mezquita de Kairuán

El siguiente destino fue Tamagzha o Tamerza, el oasis de montaña más grande de Túnez situado en el desierto del Sahara. Se halla al suroeste del país a 60 kilómetros de Tozeur. Está muy cerca de la frontera con Argelia, a unos 8 kilómetros. En 1969 hubo una inundación y se aprecian los restos de un antiguo pueblo bereber. El paisaje está rodeado por un cañón de arenisca marrón mientras en el camino surge una cascada de agua dulce. El origen del manantial está escondido entre los cañones y un palmeral al que nos condujo un guía local.

Tamagzha o Tamerza, es el oasis de montaña más grande de Túnez.

A este lugar acudimos en 4×4 porque se encuentra dentro de una actividad opcional que tuvimos que pagar a parte y que incluye además un paseo en este vehículo por el desierto. Por eso tras dejar el oasis nos adentramos en el Sahara, mientras la fila de todoterrenos que configuraban el grupo del tour, iban dejando las marcas de sus huellas en la fina arena. La verdad es que fue muy divertido porque el conductor subía y bajaba por las dunas haciendo virguerías a la par que sentías cómo tu estómago sufría las consecuencias.

Oasis de montaña de Túnez

Aquí hicimos dos paradas. La primera fue en una duna con forma de dromedario. Ideal para la foto, y la segunda en la zona desértica de Oung Jemel. En este punto está Mos Espa, uno de los escenarios escogidos para recrear el planeta Tatooine, el hogar de Anakin Skywalker protagonista de La Guerra de las Galaxias o Star Wars. El lugar está algo descuidado, pero es curioso porque se conservan algunos de los elementos decorativos de la saga cinematográfica. Está bien para pasar un rato y hacerse alguna foto.

Mos Espa Túnez

En este lugar, te suelen ofrecer tocar un animal característico del Sahara, el zorro del desierto, que tiene un aspecto muy adorable o dar una vuelta en dromedario. Ambas cosas son desaconsejables, pues según nos dijo el guía se trata de animales que no están vacunados y pueden ser portadores de enfermedades.

Tozeur y Nefta

El segundo día amanecimos en Tozeur, cuyo nombre significa “país de palmas o palmeras”. Es la puerta de entrada al desierto del Sahara. Estuvimos descubriendo la medina, que no es muy grande, disfrutando de su caos mañanero y de su arquitectura. Esta destaca por los ladrillos de arcilla cocida que configuran formas geométricas únicas. Es impresionante el minarete de su mezquita, el edificio más alto de la ciudad y que sirve de punto de referencia.

Tozeur

A continuación fuimos a ver un palmeral en Nefta o la Perla del Herid, al que te llevan en un carro tirado por caballos con capacidad para cuatro personas (a veces toman demasiada velocidad…). El lugar abruma por la cantidad de palmeras que hay.  En este punto te explican cómo se trabaja el cultivo de dátiles dado que la zona es uno de los puntos más importantes de exportación de estos alimentos. La variedad “deglat en nur”, es la más apreciada. Además, realizan una demostración de cómo subir por el tronco de una palmera, algo que hacen los nativos para la polinización. Y si lo deseas puedes probarlo: te dejan subir hasta la mitad, más o menos (yo no lo intenté).

Tozeur, significa “país de palmas o palmeras”.

Palmeral de Túnez

Los carros nos dejaron a las puertas de la medina de Nefta. Esta población, que pertenece a la gobernación de Tozeur, tiene una arquitectura singular, que el guía nos fue explicando bajo el abrasador sol y eso que serían alrededor de las 11 de la mañana. Precisamente para hacer más llevadero el calor, el pueblo está formado por callejones que crean corrientes de aire y que al estar al resguardo del sol son muy frescos y permiten sobrellevar las altas temperaturas. De nuevo, se aprecian ladrillos de barro cocido y figuras geométricas.

En los lugares religiosos, aparece el verde, un color con unas connotaciones específicas en el islam. En Nefta, predomina el sufismo, dimensión espiritual e interior de esta religión. El azul es otro color que está presente en Túnez, en muchas de sus puertas, que a su vez tienen dibujados símbolos con diversos significados. Este tono, en concreto, puede tener varias interpretaciones como tolerancia, hospitalidad o la inmensidad del Universo, el cielo o la divinidad. Por otro lado, añadir que muchas de las puertas de Nefta están hechas de madera de palmera, más difícil de mantener ya que se desgasta antes.

Douz, lago salado y el Sahara

De Nefta fuimos a Douz y para ello atravesamos el gran lago salado llamado Chott el Djerid: la mayor superficie salina de África del Norte con 4000 kilómetros cuadrados.

En verano, está totalmente seco y puedes ser víctima del efecto óptico Fata Morgana (yo lo fui), un espejismo provocado por las elevadas temperaturas en el que los objetos situados en el horizonte se ven como alargados, con una forma parecida a los castillos de cuentos de hadas.

Hicimos una parada y hacía un calor exagerado. En este punto estábamos a 150 kilómetros de Argelia. Por cierto, la sal no es comestible y se exporta para quitar la nieve de la carretera en otros países.

Chott el Djerid, lago salado de Túnez

Chott el Djerid, es la mayor superficie salina de África del Norte.

En Douz, tuvimos una experiencia por el Sahara, el desierto cálido más grande del mundo que abarca 10 países, además de Túnez, hablamos de Marruecos, Argelia, Egipto, Sudán… Esta zona de Túnez es donde comienzan las mareas de arena que caracterizan este desierto. Se podía ir en dromedario o calesa. Nosotros nos decantamos por la última porque ya habíamos experimentado lo de montar en dromedario. La “calesa” fue un poco incómoda porque realmente estaba formada por un chasis y una especie de eje de tres ruedas tirada por un caballo y un chavalín (en nuestro caso) que lo dirigía. Íbamos dando bastantes botes, pero al margen de este contratiempo me gustó mucho.

Pudimos ver la puesta de sol y allí un tuareg me puso en la cabeza un turbante que yo llevaba, al estilo tradicional. Este pañuelo ellos lo llaman tagelmust. Él iba vestido de azul y mi pañuelo curiosamente también lo era. Luego, al documentarme he descubierto que el azul índigo es el color de los taureg del Sahara, y como tiñe su piel les llaman “los hombres azules”.

Añadir que cuando íbamos en autobús por aquí vimos a dromedarios sueltos, pero resulta que no son salvajes sino que los pastores los dejan sueltos y luego vuelven a su camelleriza o establo.

Casas trogloditas de Matmata y mercado de especias de Jara

El tercer día del plan de viaje visitamos Matmata, ciudad de Túnez que pertenece a la gobernación de Gabés que también se vio afectada para la inundación del año 1969 y por ello tuvo que reconstruirse. Aquí vimos una casa troglodita vertical (también las hay horizontales), edificios donde vivían los bereberes, pueblos indígenas originarios del norte de África y los primeros pobladores de Túnez.

A lo largo de la visita anduvimos por distintas estancias, como el vestíbulo donde las mujeres descansan y tejen, el patio, donde elaboran el pan, que pudimos probar con aceite de oliva y un pisto muy suave que elaboran, la cocina y varios dormitorios. Como curiosidad añadir que a algunas de las habitaciones ubicadas en un segundo nivel se accedía a través de cuerdas.

Los bereberes fueron los primeros pobladores de Túnez.

Estas casas sirvieron también para rodar otras escenas de La Guerra de las Galaxias, en concreto la granja de Luke Skywalker (otros de sus grandes protagonistas).

Al coger de nuevo el autobús fuimos descubriendo el entorno que rodea Matmata, al que llaman paisaje lunar.

La siguiente parada fue el propio Gabés, un lugar que a pesar de ser el único oasis costero del mundo vive bajo la amenaza constante de la contaminación. Al llegar la industria petroquímica y fosfatada, lo que provocó la liberación de fosfoyeso sin ser tratado, según fuentes locales, la diversidad ecológica se ha ido perdiendo a la par que ha aumentado la presencia de elementos tóxicos en la zona. Es por ello que se ven numerosos grafitis denunciando la situación, algo muy llamativo que no pude dejar de grabar (en el vídeo de mi canal de YouTube se puede ver).

Casa troglodita Túnez

En este punto, nos detuvimos para ver el mercado de las especias de Jara, Souk Jara. Este enclave me sorprendió porque ciertamente la impresión inicial tras cruzar uno de los arcos que lo configuran no muestra un lugar muy cuidado. En el centro había una especie de escombrera y en uno de los puestos, un comerciante ofrecía dos bandejas rebosantes de lo que parecían ser boquerones, aunque a primera vista a mí no me resultaban muy aptos para el consumo (al menos para personas que no somos de la región).

Como no teníamos intención de comprar especias, recorrimos algo más la ciudad y acabamos en un mercado tradicional, donde los gritos, el tráfico sin control y los puestos más variopintos surgieron ante nuestros ojos mostrándonos la vida tal cual es en una ciudad tunecina.

El anfiteatro de El Jem

El anfiteatro romano de El Jem o El Djem, fue el siguiente monumento que visitamos. Una construcción espectacular. Se le considera el mayor de África y el cuarto del mundo. Su interior es una elipse y su capacidad era de 35.000 espectadores. No se sabe con exactitud la fecha de su construcción.

El edificio se puede explorar de arriba abajo y es importante fijarse en varias de sus singularidades. Los muros y soportes se construyeron con piedra arenisca dunaria, dado que no había roca caliza en la zona. A su vez, es el único en el mundo construido con sillares (piedras sobre piedras) y el único en la ciudad realizado con este material. Destaca el gran espesor de los muros, algo que según algunos investigadores se debería a la poca resistencia del material al desgaste y la erosión.

Anfiteatro El Jem

La fachada es también curiosa por la disposición de las arcadas, 64 en total, distinta a la del Coliseo de Roma, lo que le confiere una particularidad propia de las edificaciones africanas. Este anfiteatro mantiene la fachada intacta con los tres niveles de galerías, algo excepcional, que solo ocurre en el citado monumento de la capital italiana.

El día lo finalizamos en Hammam Sousse, una delegación de la gobernación de Susa, viendo el puerto para después ir al hotel del circuito y descansar.

Ribat de Monastir y Mausoleo de Habib Bourguiba

De camino a nuestro siguiente destino, comprobamos que hay muchos hoteles cerrado a pesar de que durante el auge del turismo en Túnez estaban llenos de vida. Ahora se ven abandonados y descascarillados por muchas zonas del país.

En Monastir nos adentramos en el Ribat o fortaleza, datado en el año 796. Es uno de los edificios más emblemáticos de esta ciudad situado a orillas del mar Mediterráneo y considerado el más antiguo del Magreb. A mí me llamaron la atención sus torres, sobre todo, la circular. A esta se puede subir, aunque arriba el espacio es muy estrecho. Las vistas desde aquí son preciosas. En la primera planta se encuentra el museo de artes islámicas. Recordar que aquí se rodaron algunas escenas de la película La vida de Brian, de los Monty Phyton.

Ribat Monastir

Desde aquí nos dirigimos hacia el Mausoleo de Habib Bourguiba, muy especial para los tunecinos. El edificio se ve al final de una gran avenida que comienza con dos monumentos dedicados a los mártires de Monastir. A la derecha está el cementerio, impactante con sus lápidas blancas. Desde lejos el mausoleo impresiona, por un lado por su cúpula dorada y por otro, por los dos minaretes que se encuentran a ambos lados y que miden 20 metros de altura.

Habib Bourguiba fue el primer presidente de la República de Túnez.

El interior es precioso. Una sala alberga un pequeño museo con objetos y fotografías del primer presidente tunecino Habib Bourguiba, artífice de la independencia del país, ya que fue protectorado francés desde 1881. En 1956 se firmó el Tratado de Independencia de Túnez y en 1957 se estableció la República tunecina y por tanto, se convirtió en su primer presidente. Luchó mucho por las mujeres, otorgándoles derechos sin precedentes en el mundo árabe, entre otras cosas. El mausoleo está hecho con mármol con el dinero aportado por los tunecinos.

Después de conocer un poco más sobre la historia de Túnez, nos acercamos a la medina de Susa. Se encuentra rodeada por una gran muralla reconstruida en parte y es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Tiene ocho metros de altura y casi dos kilómetros y medio de longitud. Aquí estuvimos callejeando de nuevo, empapándonos del ambiente, de sus comercios y de sus monumentos, bajo un sol abrasador… Este lugar es muy turístico, por lo que disfrutar de todo su encanto puede resultar complicado cuando se satura, que es lo que nos sucedió a nosotros. Tiene una gran mezquita (cuyo interior se puede ver previo pago de cinco dinares), el ribat, una fortificación, y unas cuantas mezquitas.

Thuburbo Maius y Dougga

El siguiente día realizamos un paseo por dos de las ruinas romanas más importantes del país. La primera fue Thuburbo Maius o Majus, una ciudad romana sin datar que se situaba en un lugar estratégico porque por ella pasaban las principales vías comerciales. Está bastante bien conservada y no tiene tanta afluencia de turistas como otros lugares de Túnez. En ella se pueden ver los restos de un molino de aceitunas que funcionaba con animales atados, pero también el foro, donde se aprecia el Capitolio y el templo de Mercurio.

También se ven el templo de Juno Caelestis, las termas de verano e invierno, la Palestra de los Petronios (para la práctica de deportes) o las domus de Neptuno y de las Fieras Cautivas. Los mosaicos que se encontraron y otros objetos se hallan en el Museo del Bardo de Túnez. Por el camino, surgen otras obras artísticas de interés, entre las que destacan algunos bajorrelieves con figuras de mujeres.

Este solo fue un aperitivo, pues después nos dirigimos hacia Dougga. Otro Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y catalogada como la ciudad romana mejor conservada del norte de África.

Capitolio de Dougga

Dougga se considera la ciudad romana mejor conservada del norte de África.

Es un terreno sin sombras por lo que al recorrerlo te aconsejo que no te falten tus gafas de sol, gorro, botella de agua y protector solar.

Parece ser que este enclave es excepcional para los amantes de la arqueología. Hay varias cosas que a mí resultaron interesantes. Una de ellas, las termas y letrinas de los Cíclopes, unos baños públicos en semicírculo que realmente resultan curiosos. Nunca había vista nada así.

Luego está la Casa del trébol, llamada así por la forma de una de sus salas principales. Desde este lugar se atisba a lo lejos un mausoleo líbico-púnico de 21 metros de altura que está restaurado, uno de los pocos monumentos que se conservan de arquitectura real numida (tribu bereber originaria del norte de África).

Por aquí si te fijas en el suelo que pisas te indican que estas sobre la calzada original y que aún se aprecian las marcas de los carros aparte de los dibujos que hacían para impedir que los caballos resbalaran. También se ven los accesos a las alcantarillas con sus tapas.

A continuación se atraviesan las termas de Caracalla, para llegar al Foro desde el que se observa el imponente Capitolio, templo romano del siglo II dedicado a los tres dioses protectores de Roma: Júpiter, Juno y Minerva. Te aconsejo subir por sus escaleras y observar con detenimiento este colosal edificio.

Teatro de Dougga en Túnez

El teatro de Dougga tenía capacidad para 3.500 espectadores.

La otra joya de la corona de Dougga es sin duda su teatro. Este tenía capacidad para 3500 espectadores y se construyó entre el 166 y 169 d.C. Maravillan sus dimensiones y su estado de conservación.

Ese día acabamos en la capital, Túnez, y por la tarde aprovechamos para conocer su medina. Antes de llegar a una de sus puertas de entrada, Báb al-Bar, en el centro de la Avenida de Francia, había apostados dos cañones antidisturbios con militares. En realidad, a lo largo de todo ese paseo, había bastante control policial. A veces se convocan manifestaciones, y por eso se incrementa la vigilancia.

Dentro de la medina, de nuevo la locura de tiendas, los callejones interminables y las puertas de colores fueron la nota predominante, junto con el minarete de la mezquita y las continuas preguntas de los comerciantes sobre nuestra procedencia. Muchos saben español y buscan saber si eres de Madrid o Barcelona, para acto seguido hacer mención a los equipos de fútbol de ambas ciudades.

Tophet, puertos púnicos y ruinas de Cartago

El último día fue muy intenso. Primero vimos el Tophet o Tofet de Cartago, un recinto sagrado fenicio. Se cree que en este espacio se realizaban sacrificios de niños pequeños y enterramientos. También se piensa que era como una especie de santuario y necrópolis. Aún se están realizando excavaciones.

A pocos metros se encuentra la que se supone que es la ubicación de los antiguos puertos púnicos. En este caso le tienes que echar mucha imaginación porque no queda nada absolutamente. Solo un cartel te indica que ahí estuvo el puerto militar con una capacidad para albergar 220 barcos, que se recogían siguiendo la forma circular de la laguna. Sin embargo, a día de hoy no está muy claro que ese fuera el lugar exacto de los puertos de Cartago.

Termas de Antonino en Cartago Túnez

Las ruinas de Cartago fueron el siguiente punto al que nos dirigimos, otro patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Realmente de estas solo se ven las termas de Antonino. La ciudad fue saqueada por vándalos y bizantinos tras la caída del Imperio romano y apenas dejaron nada. Cerca se encuentra además el palacio presidencial de Cartago, por lo que te recomiendan no grabar hacia esa zona (verás policías apostados en la fachada).

Fueron las mayores termas construidas en suelo africano. Se realizaron bajo el mandato del emperador Antonino Pío entre el 145 y 162 d. C. Sobresale una de las columnas del frigidarium que estaba derruida y se levantó para que se pudiera contemplar en su posición original. Mide 12,50 metros y pesa 60 toneladas.

La mejor forma de hacerse una idea de lo que pudo ser aquello, aunque sea difícil, es pasear entre sus ruinas…

Sidi Bou Said y el Museo del Bardo

Cambiando de tercio totalmente, nos dirigimos hacia el turístico pueblo Sidi Bou Said. Bonito es, sin lugar a dudas. Su arquitectura, casas blancas decoradas con puertas, ventanas y balcones azules, le convierten en un auténtico pueblo de estampa. El mar de un azul intenso se confunde con el cielo, y al contrastar con las casas encaladas, el encanto es mayor. El único inconveniente es que está lleno de turistas. Por la mañana llegan muchos autobuses repletos y la calle principal, la Rue Hedi Zarrouk, repleta de comercios y cafés, es un hervidero de gente. Yo aquí me compré unos pendientes en un puesto callejero, eso sí regateando, porque sino regateas es casi imposible comprar en Túnez…

Sidi Bou Said Túnez

La última parada de este viaje y para mí una de las más espectaculares fue el Museo del Bardo. El acceso está muy controlado desde que se produjo el atentado contra turistas en 2015. De hecho, tras el control de seguridad una placa conmemorativa recuerda a los fallecidos.

Luego, lo primero que se ve es el premio Nobel de la Paz que recibió el Cuarteto Nacional de Túnez, creado en 2013 tras la Revolución de los Jazmines y que evitó que estallara una Guerra Civil en el país.

Una de las cosas que más me llamó al atención es que hay mosaicos por el suelo, que se pueden pisar (en España se suelen proteger). Después en las distintas salas aparecen curiosidades como estelas o lápidas funerarias, un panel con números indios, una maqueta de la Gran mezquita de Kairuán, un Corán azul único en el mundo, con letras doradas elaboradas con clara de huevo, el cuenco de la Gazela (un motivo clásico del arte islámico norteafricano, s. X-XI), el baptisterio bizantino de Demna (s.VI) o el Tesoro de Chimtou, compuesto por 1.648 monedas de oro de finales del Imperio Romano, entre otras muchas piezas.

El Museo del Bardo se halla en un antiguo palacio residencia de los beyes.

El museo se encuentra en un palacio, antigua residencia de los beyes, gobernadores de Túnez durante el siglo XVIII, acondicionado para acoger una de las colecciones de mosaicos más amplia del mundo en la actualidad junto a otra serie de obras de distinto valor. Igualmente es uno de los museos más grandes del Mediterráneo.

Las salas del museo se alternan con las del palacio y el resultado es una amalgama curiosa de gran interés cultural y patrimonial.

Baptisterio bizantino del Museo del Bardo en Túnez.

Los mosaicos provienen de distintas excavaciones arqueológicas de ciudades de Túnez: Cartago, Útica, Susa , Dougga o Thuburbo Majus. Los hay de todos los tamaños, unos mejor conservados que otros y distribuidos a lo largo de las salas. Es increíble. En el vídeo trato de mostrar su espectacularidad, pero es un museo para ver in situ.

En general, me llevo de este viaje de una semana por Túnez una grata impresión. Me ha gustado la diversidad del país, en todos los sentidos, cultural, geográfica, patrimonial… En ningún momento he sentido inseguridad y sus gentes me han resultado amables. En la zona de las playas no he profundizado mucho por lo que no puedo decir nada al respecto. El único elemento negativo de todo lo que he visto, es que algunas zonas están descuidadas y hay bastante suciedad. En los márgenes de las carreteras se suele ver basura desperdigada y una gran cantidad de bolsas azules que confieren al paisaje una imagen desoladora, aunque desde mi modesta opinión no le resta interés al país, sobre todo, si te gusta viajar y conocer otras culturas, como es mi caso.

Datos prácticos y ubicación

Como he comentado yo opté por un viaje organizado, pero antes de ir a Túnez, te aconsejo que te asegures de tener en regla el pasaporte (debe tener una validez de al menos seis meses). En cuanto al dinero, dado que no puedes introducir ni sacar divisas del país, el dinar tunecino, lo recomendable es que cambies euros en hoteles o bancos. Pues mirar la página del Ministerio de Asuntos Exteriores si quieres obtener más información (es lo que yo hice).


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